|
Volver a Entrevistas Entrevista realizada por Hugo Néstor Olaiz en La Plata el 4 de enero de 1994
Nuestro primer contacto con la IglesiaLos primeros contactos con la iglesia los tuvimos a principio de 1938. Mis padres tenían un negocio de almacén y unos muchachos rubios fueron a comprar mercadería. En seguida supe que pertenecían a una iglesia que estaba instalada frente justo al negocio de mis padres. Yo tenía más o menos trece años, y empecé a frecuentar con los chicos del barrio. El primer misionero que bien recuerdo cómo se llamaba fue Ross Holland. Después vinieron otros más, entre ellos Ben R. Allen y Richard McBride. Después Morris E. Nelson y Marvin Duke. Ben Allen era oriundo de Arizona, como casi todos los de esa época. El Élder Allen nos entretenía con pruebas de cow-boys, con lazos, etc. Y al principio todos los chicos del barrio íbamos con ese propósito.
Más o menos en esa época había un joven, Rodolfo Saltalamacchia, que ya conocía la Iglesia desde el local anterior, de la calle 62. Un día nos pusimos a conversar seriamente. Él estaba a punto de bautizarse. Yo también me sentí un poco atraído por lo que estaba leyendo. Los misioneros me habían regalado un Nuevo Testamento de bolsillo, me acuerdo que tenía tapas verdes. En mi vida había leído la Biblia. Y la leí. Y también me dieron para leer la historia del Profeta José Smith y el Libro de Mormón, y me indicaron que debía pedirle al Señor sobre la veracidad de lo que estaba leyendo. Yo era un chico que estaba para cumplir 14 años en ese momento, pero era muy serio y muy responsable de mis actos a pesar de la edad. Así lo hice, y yo sentí la inspiración del Señor de ser miembro de la Iglesia, para lo cual tuve que pedir permiso a mis padres.
Mi familia Mis padres, principalmente mi papá [Rafael Salvioli], no quería saber nada con ninguna religión. No era religioso, dado que él era socialista, del tiempo de Palacios y toda ese gente que había tenido un gran divorcio con la Iglesia Católica. Tanto es así que yo no fui bautizado, como acostumbradamente eran bautizados los chicos en aquella época, y tampoco él se casó por la Iglesia, lo cual produjo un malestar muy grande en toda la familia de mi mamá. Pero como veían que era un hombre bueno lo aceptaron, aún con esas condiciones. Pero él no se casó por la Iglesia. Entonces yo provengo de una familia no religiosa, a pesar de que mi mamá tenía algunas inclinaciones, algunas creencias; de lo cual nunca hablamos. De manera que mi inicio en la religión fue en el tiempo en que yo conocí a los misioneros. Le pedí permiso a mis padres, ellos consintieron. Me bauticé el 29 de enero de 1939, junto con las tres hermanas Gaite. Así formamos los primeros cuatro miembros de la Iglesia. Y el 10 de diciembre de 1939 se bautizó mi mamá y también mi hermano [Hugo Salvioli], y un grupo de otros pocos hermanos. Y así empezó la iniciación de bautismos. De manera que mi mamá [María Falchi de Salvioli] aceptó el evangelio casi desde el principio. Y mi papá, si bien no fue religioso desde el principio, fue siempre muy respetuoso, recibía a los misioneros, etc.
Recuerdo, entre otros, a Aniceta Castro, una hermana mayor que se bautizó. Margarita Taylor de Mazzuchi. Los hermanos Taylor, padres de la Hermana Mazzuchi. Carlos Párraga, para fines de 1939. Un hermano Mancini, hermano de Helena, que falleció muy joven. Tito Mancini también se hizo miembro de la Iglesia en ese tiempo. Amelia Lencina de Corte. Tal vez Dora Lencina también, pero tanto Tato como Pancho Lencina esperaron unos años, no querían ofender a la familia. Máximo Corte también se bautizó más tarde, tenía el hábito del cigarrillo. Yo lo aprecié muchísimo. Por muchos años he sido visitante de la casa de ellos y charlábamos mucho. La Rama fue creciendo poquito a poquito, con muy pocos miembros pero una gran unidad.
Se hacían las reuniones en una casa. De la esquina de 67 y 22 fuimos a 18, 63 y 4. Después a 63 Nº 1169, en la casa de los Pássaro. Y después, en noviembre del año 51, compramos por 280.000 pesos moneda nacional una casa vieja1. Era la casa de un vicegobernador al principio de la ciudad de La Plata, pero últimamente estaba dedicada a un conservatorio de música. En los sótanos se encontró una fotografía autografiada de Pietro Mascagni, el autor de óperas, que se llevó el Presidente de la Misión Harold Brown.
Esa casa fue remodelada. En ese tiempo yo era Presidente del Distrito. El Hermano Weber nos dio una mano en unos arreglos que había que hacer para una fiesta muy especial del año 1952, donde iban a venir todos los jóvenes de la Iglesia para una convención de jóvenes. El Hermano Weber era visitante, amigo de la Iglesia, y era ingeniero. Se habían colocado unos hierros para soportar el piso superior, donde se iban a desarrollar fiestas, bailes y muchas de las actividades. El miró y quiso hablar con alguien. Conversé con él. Me dijo: "Mire, si van a hacer lo que dicen que van a hacer, con esta estructura, se viene abajo todo". Faltaban más o menos quince días para la Convención, entonces hablamos a la Misión. Y el Presidente Brown aceptó que se hiciera enseguida un loza con un cemento de fragüe rápido, que pudo estar listo justo al momento ara ser usado. De otro modo, podría haber ocurrido algo catastrófico. Después el Hermano Weber y la familia se hicieron miembros de la Iglesia.
Una de las primeras actividades fue la Primaria. Porque había muchos chicos. Eran chicos del barrio. Había algunos que eran de familias muy humildes, no conocían el baño, y los misioneros y Rodolfo Saltalamacchia los bañaban y a veces les daban de comer. En la calle mismo, a la vista de toda la gente del barrio, los misioneros los hacían jugar los lazos y piruetas. A los chicos nos encantaban. Y pasaban películas, o mejor dicho vistas. Y tenían en la vidriera [fotografías de] la Primera Presidencia y Quórum de los Doce Apóstoles. Me acuerdo que uno de los nombres era el de Sylvester Q. Cannon. La Primera Presidencia estaba compuesta por Heber J. Grant, J. Reuben Clark y David O. McKay.
Entonces empezaron las reuniones dominicales, a las que asistían tal vez ocho o diez personas del barrio, curiosos. La familia Villarruel vivía en 22 entre 67 y 68, en una casita muy humilde, a la derecha. Ellos eran menonitas. La mamá de Alejo. Los menonitas tienen su origen en Uruguay, pero estos eran del interior de la Provincia de Buenos Aires, y ya tenían una formación religiosa tipo evangélica. Después se mudaron a calle 23, 67 y 68. Ya para esto había nacido Juan, el hijo mayor. Después nació Armando. Felisa Gaite se destacó como maestra de la Primaria porque a ella le gustaban muchos los chicos. En La Presidencia de la Sociedad de Socorro estaba Aniceta Castro, mi tía Falchi de Montes, Daisy Taylor de Mazzuchi, etc. Daisy Taylor de Mazzuchi fue por mucho tiempo maestra de la Escuela Dominical.
Uno de los grandes líderes del momento fue Samuel Borén. Samuel Borén fue misionero en La Plata. Él trabajaba en Rentas, en la Plata. Entonces después del trabajo se integraba como parte de la Misión. Pero hizo más de un año como misionero. Era de una extremada espiritualidad y fue un gran líder. Conocí a los padres y a los hermanos. Tanto Samuel, como su hermano Juan y el papá Mariano era de una extremada espiritualidad. Y Samuel Borén, al estar con nosotros, entendió las necesidades del grupo. Daba clases del sacerdocio muy bonitas y espirituales. Con él aprendimos muchas cosas. Cuando yo fui Patriarca le escribí una carta agradeciéndole, porque él me enseñó a orar.
El Élder Fenn volvió, alrededor del año '60, como constructor de la primera capilla en Tucumán. Era un gran hombre. Su cuenta que estando en Estados Unidos, un argentino lo vino a visitar y Fenn, sin saber que [el que lo visitaba] era un argentino, salió a recibirlo con el mate en la mano.
No había una Mutual organizada, y los jóvenes teníamos el entusiasmo de hacer algo. Yo era un chiquitín de unos 15 años. Estaba también Carlos Párraga y Tita Lencina, y Nicolás D'Alessandro. Era amigo de Lavista, trabajaban juntos en Berisso. Y había otros. Y tuvimos la inquietud de hacer algo. Entonces le dijimos a Samuel Borén, quien apoyó la idea y me pidió que hiciera un diagrama. Le dije que me gustaba, como nombre, el lema "Lee y Aprende." --Bárbaro--, me dijo Samuel. Pero todavía queríamos un nombre más distinguido. Fuimos a despedir al presidente saliente, Federico Williams, con un Ford A de los Pássaro. Iban Oscar Lavista, Samuel Borén, etc. Y allí nos encontramos con James L. Barker. Y como sabíamos que hablaba muchos idiomas, pensamos que él podía traducir "Lee y Aprende" al griego, que para nosotros era la lengua culta de las letras. Entonces él nos dijo que la mejor manera de expresar nuestra ideas en griego era diciendo: "Diábase kesamásis." Y en realidad era: "Lee, que te metamorfosearás." Así quedó y se imprimió. Así fue la iniciación del ese grupo inquieto de la juventud de ese tiempo. Pero después supimos que había una ley que obligaba utilizar el nombre de un prócer y adquirir así la categoría de Biblioteca Popular de la Provincia de Buenos Aires. Elegimos Belisario Roldán. Todos colaboramos. Se hizo un baile, y la entrada era un libro para formar una biblioteca. Lamentablemente después eso degeneró un poquito. Degeneró en un club muy poco bien visto. Eso trajo algunas consecuencias no muy felices. Para un baile alquilaron el local La Galoise, que era de muy poco renombre aquí. Yo por suerte no fui. Y se desvirtuó ese tiempo. Pero para ese tiempo la Iglesia ya tenía organizada la Mutual de Jóvenes. Se implantó acá y eso quedó como un recuerdo y una experiencia. Algunos siguieron como miembros de la Iglesia y otros no. Nicolás D'Alessandro era muy buena persona. Él me indicaba algunos libros para leer. Me inició un poquito en la lectura. Hace un par de años hablé en La Plata del valor de la lectura y mencioné a Nicolás D'Alessandro. Vivía en ese momento Oscar Lavista y me dijo: "Mirá, me hiciste acordar de un amigo que yo quise tanto. Nicolás D'Alessandro me trajo a la Iglesia." Traté tanto a él como al hermano. Fue parte de los inicios, de las inquietudes juveniles. Oscar Lavista se distinguió por hacer los Cuadros Vivos. Eran algo muy lindo, muy hermoso y poético. Se rompía todo por a lo mejor medio minuto. Pero quedaba impreso en la mente lo que él quería representar, casi siempre escenas bíblicas: el nacimiento del Niño de Belén, etc. Eran escenas muy particulares.
Las actividades El grupo de jóvenes era muy lindo. Teníamos muchas iniciativas. Formábamos coros, grupos teatrales, etc. La Plata se distinguió un poquito por hacer teatro. Hacíamos nuestras propias obritas, Máximo Corte a veces escribía los libretos. Nos divertíamos bien dentro del grupo religiosa que teníamos. En las actividades de la Mutual no faltaba nadie en ninguno de los momentos. También se hicieron muchos bailes en la Iglesia, siempre con la intención de que los jóvenes no fueran a otro sitio a divertirse. Dos o tres veces por años se hacían bailes, fiestas, etc.
Realmente no sé quién pudo haberla iniciado. A lo mejor fueron cuartetos al principio. Había algunos misioneros, me acuerdo el caso de Sorensen, que tenía una voz de tenor muy linda. Y junto con otros misioneros y Oscar Lavista cantaban tríos y cuartetos. Después se fue ampliando a otros grupos corales. Y teníamos ensayos una o dos veces por semana. Y llegamos a cantar canciones muy lindas. En algún momento el Coro de la Plata llegó a cantar canciones de las difíciles. Tuvimos buenos directores, Oscar Lavista entre ellos. Para Navidad nos juntábamos algunos, alquilábamos un camión, subíamos el armonio, y visitábamos las casa de los miembros y cantábamos canciones de navidad: Una o dos canciones en cada casa y hacíamos un recorrido. Esa era una de las actividades que teníamos.
Con religiosidad teníamos que ir y limpiar la casa de la Iglesia. No sólo que no había conserje, sino que tampoco había casi Sacerdocio Aarónico. De manera que allí no se salvaba nadie, sino que todos teníamos que ayudar. Inclusive los arreglos grandes que se hacían, como voltear un pared para ampliar el local. Por el año 1941 ó 1942 un misionero tuvo la idea de hacer un escenario, que no había. Él compró toda la madera, nos dijo como debíamos hacerlo y lo hicimos todo nosotros. En ese tiempo también se compraron sillas para el escenario, para que tuviera mejor aspecto. Se pintaba, se arreglaba, etc. Todos contribuían.
Los sábados por la tarde En la calle 63 había un cancha de básquet. No era reglamentaria, pero allí jugábamos los jóvenes los días sábados a la tarde. Y después en la cocina de la Iglesia nos reuníamos a tomar mate y comer churros, que era lo habitual que hacíamos casi todos los sábados, porque era fácil y era barato.
También ese mismo terreno se utilizó para el Plan de Bienestar. Era un terreno bajo, en los fondos de la casa de la Familia Pássaro, pero recuerdo que trabajamos con el Hermano Agustín Sosa, etc. Cada uno aportaba el tiempo que podía. Pero el Hermano Sosa tenía la destreza de haberlo hecho en la casa siempre, porque él cultivaba la tierra de su casa y sabía cómo hacerlo. Y nos enseñó cómo cultivar y roturar la tierra, puntear, preparar la tierra, sembrar la semilla de papa, y luego cosechar. Teníamos que ir a regar, carpir, todo eso lo hicimos nosotros. Y la cosecha se repartía entre todos los miembros de la Iglesia, más que todo entre las familias más necesitadas.
Otra cosa que hicimos, de la que yo fui propulsor, fue una exposición de hobbies y trabajos prácticos. Fue alrededor del año 1945. Cada uno podía exponer lo que supiera hacer de su vocación o artesanía. En el caso mío siempre me gustó escribir, y ponía alguna página literaria, otro la maestría de saber sacar fotografías o hacer alguna cosa en cerámica. Tato ponía cuadros. Alguna hermana de la Iglesia, alguna ropa o tejidos. Eso se hizo con gran beneplácito de todos y tuvo mucho éxito, porque cada uno podía intervenir demostrando sus habilidades y sus aptitudes personales. 1. De acuerdo con las actas del distrito, en realidad la casa fue adquirida el 21 de octubre por 384.000 pesos. Ver "Una casa nueva". (Volver)
|